autoconciencia emocional, sentimientos y emociones

Las emociones y los sentimientos

¿Reconoces que te expresas de manera ofensiva cuando te enojas?, ¿piensas que lloras con facilidad?, o, ¿te has dado cuenta que eres imprudente cuando estás alegre? Para identificar lo que te sucede, te recomiendo que empieces por entender:

 

Paul Ekman, experto en las emociones y en su relación con las expresiones faciales, afirmó que existen seis emociones primarias: enojo, tristeza, miedo, sorpresa, asco y alegría. Algunas de ellas las empezamos a manifestar durante los primeros meses de nuestra vida, producto de la producción de hormonas o la liberación de neurotransmisores, así que se consideran innatas y heredadas geneticamente.

Las emociones se caracterizan por ser reacciones súbitas, bruscas y pasajeras, asociadas a estímulos desencadenantes como sucesos, personas o cosas. Por ejemplo: aprender algo nuevo puede provocarte alegría; recibir alguna crítica, ira; u, oler un alimento en descomposición, asco.

Sin embargo, las reacciones emocionales también pueden derivarse de pensamientos y recuerdos. De este modo, rememorar una experiencia con un ser querido fallecido puede generar tristeza; o, pensar en serpientes, arañas u otra alimaña, miedo. Incluso pueden aparecer con la representación mental de algo que aún no ha sucedido, porque lo anticipamos o lo imaginamos, uno de estos casos es cuando experimentas enojo o temor al creer que vas a fracasar en algo que anhelas pero que aún no has intentado.

Al ser temporales, las emociones suelen desaparecer una vez pasa el estímulo que las provocó. Por tanto, son intensas al principio y van disminuyendo a medida que pasa el tiempo o se toma distancia de aquello que las originó. No obstante, algunas personas tienden a tener reacciones emocionales más frecuentes, intensas y duraderas. Provocándose un estado de tensión emocional tóxica que deriva en estrés crónico y agotamiento, entre otros problemas.

Los efectos de las emociones

Ellas generan reacciones fisiológicas, cognitivas y conductuales, así que tienen impacto en las actitudes, acciones, pensamientos, memoria y atención de las personas, además de otros efectos.

A nivel fisiológico las emociones provocan respuestas rápidas de distintos sistemas del organismo: muscular (tensión, temblor de las manos, expresiones faciales involuntarias, etc.), cardio vascular (presión arterial alta o baja, coloración de las mejillas), dermatológico (sudoración) y respiratorio (agitación), por nombrar algunas. Estas manifestaciones fisiológicas nos preparan para responder de diferentes maneras al estímulo que nos emocionó. Por ejemplo: para huír, enfrentar o permanecer inmóviles.

Cognitivamente hablando las emociones activan la amígdala, parte del cerebro encargada de gestionar la elección de respuestas ante los estímulos externos e internos que desencadenan las emociones, así como la fijación y asociación de la memoria, entre otras funciones. De este modo, ella emite o inhibe las reacciones emocionales, como lucha o huída ante situaciones peligrosas (autodefensa y agresividad).

La importancia de las emociones

La mayoría de nuestros recuerdos tienen un fuerte componente emocional, porque solemos valorar mejor las experiencias con esta característica, por otro lado, muchas veces decidimos motivados por nuestras emociones. Es decir, ellas influyen en nuestra capacidad de raciocinio, planeación, juicio, toma de decisiones, memoria y más.

Explicado lo anterior, se entiende que ellas pueden afectar cómo hablamos y nos comportamos, haciendo que actuemos de la manera más idónea para la situación o por el contrario de forma irracional e impulsiva.

Esto se debe a que las emociones tienen un papel adaptativo: nos ayudan a afrontar mejor las situaciones o las condiciones de nuestro entorno. Además, una función social, porque se constituyen en otra estrategia de comunicación e integración grupal. No obstante, debido a que aparecen abruptamente pueden desestabilizarnos si no hemos aprendido a identificarlas con rapidez y regularlas con destreza.

Reacciones emocionales únicas

Aunque las emociones son innatas, la manera de experimentarlas y reaccionar a ellas no lo es, depende de los modelos de comportamiento emocional que recibimos durante la crianza, los reforzamientos que hicieron los demás de nuestras expresiones emocionales a medida que nos desarrollábamos, nuestros rasgos de personalidad, experiencias anteriores, aprendizajes y el estímulo concreto que las desencadene.

Por tanto cada persona vive una determinada emoción de manera única, condicionada por el complejo sistema de sus particularidades. Así que su reacción consecuente podrá ser apoyada por otros que tengan comportamientos similares, o rechazada por aquellos que actúen de un modo distinto cuando se enfadan, entristecen o alegran. De este modo, cada uno de nosotros está llamado a identificar su propia forma de experimentar las emociones.

Buenas emociones y malas emociones

Contrario a la creencia popular, no existen las emociones buenas ni las emociones malas. Por ejemplo: en los momentos de tristeza es cuando somos más reflexivos; y, el enojo puede ser útil en una situación desafiante donde necesitamos un impulso extra para perseverar y lograr el objetivo.

Lo que sí existen son las consecuencias favorables o desfavorables de las reacciones emocionales. Porque si no controlas la ira puedes lastimar a otras personas, o, la alegría desbordada tiene el potencial de llevarte a actuar precipitadamente de un modo en que luego te arrepientas; mientras que regular el miedo te ayuda a mantener un estado de alerta ante situaciones potencialmente peligrosas, o, experimentar asco puede ser la clave para prevenir enfermedades.

Qué son los sentimientos

Somos nosotros mismos quienes creamos nuestros propios sentimientos. Albert Ellis.

Los sentimientos derivan de las emociones, son más duraderos porque están vinculados a los pensamientos y reflexiones, así que resulta un poco más sencillo verbalizarlos o explicarlos a través de las palabras. También ayuda que las sensaciones físicas que generan son más suaves, por tanto no ponen en marcha comportamientos de manera inmediata.

La siguiente comparación ayudará a explicar las diferencias: tienes una reacción emocional de miedo cuando vas caminando por la calle y un ladrón te amenaza con un arma para que le entregues tus pertenencias; a partir de esta experiencia puedes fijar en tu mente un sentimiento de miedo hacia los ladrones, algo más general y permanente, no vinculado a una situación determinada como un nuevo asalto.

Siguiendo con la analogía, también puedes sentir odio hacia los atracadores, derivado de la ira que experimentas cada vez que escuchas una noticia donde alguien fue víctima de estos delincuentes, sin que a tí te hubiera pasado algo similar, más bien como resultado de tus ideas acerca de lo justo e injusto.

Sentimientos inconvenientes

La terapia racional emotiva conductual considera que los sentimientos inconvenientes son aquellos que te dificultan conseguir lo que quieres o prefieres, te generan sufrimiento adicional cuando fracasas en el intento, o, son contraproducentes y socialmente dañinos.

La depresión, ansiedad, desesperación y pánico son algunos de los más obvios. Comunmente se asocian a creencias de insuficiencia, inutilidad y catastrofismo. Juntos logran que la persona que los padece considere insalvable la situación que está atravezando y así empeore sus circunstancias.

Por otro lado, hay sentimientos inconvenientes no tan obvios, como la sobre estimación de sí mismo y el optimismo irracional, que producen una efímera sensación de bienestar que no tarda en transformarse en resultados desafortunados y las consecuentes frustraciones.

Te ayudaré a entender con la siguiente situación hipotética. Supongamos que te gusta alguien y cada vez que intentas hablar con esa persona experimentas temor, porque piensas que te va a ignorar o a rechazar, porque crees que tú no le parecerás interesante, quizás consideras que el momento no es el adecuado y se disgustará si le hablas, etc. Entonces este sentimiento, junto a estas ideas, te paralizan y obstaculizan tu deseo de conocer a esa persona. Por tanto se ha tornado en un sentimiento inconveniente.

Sentimientos convenientes

En oposición a lo anterior, se encuentran los sentimientos convenientes, que son aquellos que te ayudan a cumplir tus deseos o preferencias, te sirven para minimizar o eliminar los bloqueos y frustraciones que se presentan cuando por algún motivo fracasas en tus aspiraciones, o, intensifican tu propio desarrollo y mejoran tu convivencia con los demás.

Algunos sentimientos convenientes son: el amor, la felicidad y el placer (que también se pueden tornar inconvenientes). Pero, la incomodidad, el displacer y la inquietud de igual forma pueden ser convenientes, porque te permiten evitar situaciones perjudiciales, que ponen en riesgo tu integridad física o mental.

Volvamos al caso hipotético. Te gusta alguien y sientes temor de hablarle, así que te acercas con cautela, pensando: «tal vez no le guste pero no lo sabré si no lo intento», o, «siento miedo de que me rechace por ser alguien que no conoce, entonces buscaré a un conocido en común que nos presente disimuladamente». Este sentimiento es conveniente porque te pone en alerta pero no te paraliza, de hecho te impulsa a buscar maneras de lograr tu deseo con el menor riesgo posible.

Queda entonces claro que un mismo sentimiento, en este caso el temor, puede ser conveniente o inconveniente de acuerdo a las creencias, ideas o pensamientos que asocies a él. Bloqueando tus acciones o, por el contrario, impulsando la creación de estrategias para cumplir tus deseos o preferencias.

Elegimos cómo nos sentimos

“Sé consciente de que en este momento estás creando. Estás creando tu próximo momento basado en lo que sientes y piensas”. Doc Childre.

Ya vimos que la forma en que te sientes no sólo depende de las emociones que experimentas, también de la manera en que piensas. Albert Ellis, creador de la terapia racional emotiva, concluyó que los sentimientos de una persona son causados por la interpretación que hace de los acontecimientos y no por los acontecimientos en sí mismos. A su vez, sus sentimientos determinan en gran medida su comportamiento y actitud.

Es decir,

“Las personas no se alteran por los sucesos, sino por lo que piensan acerca de los sucesos”,

como decía el filósofo estoico griego Epicteto hace más de 2.000 años.

Por lo tanto, si eres capaz de cambiar tus patrones de pensamientos o filosofía personal de vida, podrás generar estados emocionales menos inconvenientes, más provechosos y acordes con la realidad. A través de un proceso de resignificación de creencias puedes lograr que situaciones, personas, pensamientos o recuerdos que suelen alterarte dejen de hacerlo. Para ello cuentas con el acompañamiento del psicólogo online.

Autoconciencia emocional

A algunas personas se les dificulta identificar con precisión lo que sienten, manifestarlo de manera sana o coherente y reconocer su responsabilidad en ello, en otras palabras, tienen una autoconciencia emocional muy limitada.

Reconocer y aceptar el poder que se tiene sobre los propios estados emocionales, permite entender que las emociones y sentimientos que experimentamos hacia diferentes personas o situaciones son fruto de nuestra decisión autónoma, derivada de la forma en que percibimos a los demás, al mundo y a nosotros mismos.

Recurriendo a expresiones populares: nadie te «hace enojar», tú decides enojarte, así como podrías decidir permanecer en calma; ninguna circunstancia te entristece, tú percepción e interpretación de lo que sucede te lleva a sentir tristeza, pero tienes el potencial de mantenerte estable; y, tu alegría no tiene ni debe depender de alguien más o situaciones especiales, es decir, es tu derecho decidir ser feliz. En un próximo artículo sobre inteligencia emocional te hablaré más sobre esto.

Aceptando tu responsabilidad en lo que sientes abres la puerta a la transformación o eliminación de los sentimientos inconvenientes. Pero es necesario descubrir y analizar los pensamientos irracionales o las frases ilógicas que se forman en tu mente, que están asociadas a dichos estados emocionales. Al entender cómo esas ideas afectan tu percepción de la situación puedes crear nuevos pensamientos más provechosos, es decir, que te permitan tener reacciones emocionales más adaptativas.

Conclusión

Las emociones y sentimientos son en cierta medida controlables, de ahí la importancia de aprender a identificarlos y regularlos cuando aparecen. Primero debes reconocer qué los desencadena (tus propios pensamientos), para prever e incluso prevenir una reacción emocional perjudicial o desfavorable. Sin embargo, aprovecha cuándo surgan para aprender aquello que te enseñan acerca de tu percepción de tí mismo/a, los demás, las relaciones y el mundo.

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